jueves, 26 de julio de 2012

Somos novios

Cursilerías bimestrales

Reza una canción de Manzanero, glorificada por la interpretación de Luis Miguel:

"Somos novios
pues los dos sentimos mutuo amor profundo...
... y con eso
ya ganamos lo más grande de este mundo..."

No pretendo desglosar parte por parte la lírica de alguien cuyo nombre habla por sí solo de exitoso romanticismo en el mundo de la música pop latinoamericana, es decir, algo debe de saber Manzanero de amor, y hay que hacerle caso. Pero vale la pregunta, cuando amas a alguien y ese alguien te ama, ¿has ganado lo más grande de este mundo?, dependerá de a qué le llames "lo más grande de este mundo". En mi caso, no siento aún haber ganado lo más grande (la paz de tener una familia estable, segura y libre, entre otras cosas), pero sí siento haber dado un paso agigantado hacia ello.

Quienes sigan este Blog sin conocerme, y hayan leído mis últimos tres posts, deben ya haber inferido que este pagano del averno ha encontrado, finalmente y tras muchos cuestionamientos que van desde una supuesta misantropía hasta una inesperada variación en mis opciones sexuales, una compañera sentimental mucho más que satisfactoria. Tuvieron que pasar casi tres años para permitirme tremendo lance con alguien a quien, hace apenas meses, consideraba una de mis mejores amigas, lindando aquella relación con la "hermandad" - aunque usted no lo crea.  Pero esto del amor es así. Y si antes no lo creía pues ahora lo creo y con pruebas fidedignas bajo el brazo. Cuando uno menos lo espera llega ese cúmulo de sentimientos que parecen haber sido reservados para ese preciso instante y para esa precisa persona, y como un flash ya estás a sus pies, jurándole fidelidad y protección mientras los dioses te den vida. 

Pero tener enamorada no es todo felicidad. Sobre todo, y esto de seguro traerá abajo muchas hipótesis al respecto, cuando ambas personas creen conocerse tan bien, que a su vez creen que nada los sorprendería. Grave error. Aún conociéndola más de diez años en un plano netamente amical, hemos tenido choques fuertes a la inminente hora de intentar llevar ambos, y en armonía, las riendas de una relación entre dos personas cuyas visiones de la vida siempre han sido prácticamente opuestas (con decirles que hasta en hinchajes futbolísticos vamos en sentido contrario). Esto trajo (y de seguro seguirá trayendo) como consecuencia muchas peleas y discusiones, que no han hecho más que ponerle la cuota necesaria de emoción a estos bellísimos sesenta días que hemos compartido, juntos, como pareja. Para explicarme mejor, cito nuevamente a Manzanero y a sus melodiosos y certeros comentarios sobre las relaciones amorosas..

"... nos amamos, nos besamos, como novios...
... nos deseamos y hasta a veces, sin motivo y sin razón, nos enojamos..."

¡Vaya, hombre!, enojarse, pelear, discutir, destruirse, tratar de ganarse el uno al otro, tratar de tener la razón, tratar de tener la última palabra, genial: Todo eso es parte de una relación sentimental, por ende, las peleas en general acompañan al amor a enriquecer una relación, porque eso sí, a veces se conoce más de una persona en una sola pelea que en 100 noches de pasión y cariño. En fin.

Ya no seguiré citando a Manzanero y este post tan cursi está a punto de terminar. Y quiero terminarlo diciendo que estoy viviendo un gran momento en mi vida sentimental. Que sé que esto fue arriesgado y que, incluso hasta hoy, no ha sido fácil de digerir para algunos. Que, como diría Calamaro, para que esto se dé, "... dejamos atrás dos almas rotas", y bienvenido sea el karma si es que algo malo hice en mi eterno deseo de encontrar pasión e infinitas sonrisas en un mundo que cada vez se me hace más sombrío y superficial. Y que, finalmente, agradezco de manera ilimitada a aquella persona que, con su sonrisa, con esa perfecta mezcla de hielo, fuego y ají, y tiernas miradas, me guía el camino para hacer de esta alma, alguna vez impía y febril, y muchas otras veces rendida a la soledad, algo mucho menos impuro y capaz de también regalar felicidad sin esperar nada a cambio.

Cursilería teórica terminada. Llegó la hora de la práctica.

domingo, 8 de julio de 2012

La maldición eterna


El odioso ex

"Nada más peligroso que un ex", dirían los entendidos del tema. Y aunque odie generalizar, debo admitir que algunas generalizaciones no necesitan mayores sustentos científicos para comprobar su validez. Simplemente existen, cuales leyes de la vida, inexplicables en medio de tanta inteligencia pro-homo sapiens.

Así, decir que nunca te jodió la sola existencia de un ex enamorado, ex pareja, ex esposo, ex agarre, ex revolcón, o ex lo que sea, sería mentir. Dirás y jurarás que no eres celoso, y hasta presumirás de esa suerte de virtud casi extinta en los humanos sociales de hoy; te avalarán años de ecuanimidad a diferencia de otros que no pueden detener sus sobresaltos emocionales, cuando de celos se trata; pero nadie puede contra la amargura de saber que hay alguien merodeando a la persona que hoy te hace feliz, y que, peor aún, ese alguien ya tuvo la suerte de tenerla en sus formas más naturales y paradisíacas, todo esto, claro, en tiempos pasados cuya magnitud dependería del caso.

Un ex siempre será un estigma ineludible e intratable, según el caso. Diferenciemos cuatro escenarios comunes:

El ex que quiere ser "amigo"

Quienes lean este Blog (masoquistas, desde luego) deben de saber que prácticamente no creo en la amistad entre el hombre y la mujer. Que sí creo, en cambio, en una relación cordial y emocional, enlazada por una lealtad similar a la verdadera amistad, por supuesto, que soslaye en la mayor parte del tiempo (o en algunos casos por siempre) la intención sexual que se oculta detrás de tanta represión inducida por la moralidad. Por tanto, me es IMPOSIBLE creer en la amistad después de una relación sentimental. Un ex no puede ser amigo de su ex; eso es absurdo.

La amistad, como el amor, se vive en un estado puro y sin mixturas, es decir, sin segundas intenciones. De modo que me resulta descabellado pensar que alguien que ya pasó tantos momentos de contacto emocional y físico con otra persona, y cuya relación sentimental llegó a su fin, pueda regresar (si es que alguna vez lo fue) a ser un amigo incondicional, incapaz de volver a poner sus sucias manos sobre su dizque amiga. Pero esos ex's existen por cantidad. Lo peor es que ellas se creen el cuento de que ellos sólo quieren amistad, bah, ¿tanta ingenuidad puede haber en alguien que, ya desde cuestión de género, considero tan inteligente e intuitiva?

En fin, pasemos al segundo escenario:

El ex que quiere volver a estar con su ex, insistentemente

Son expertos en llanto y técnicas de manipulación. Los actores hollywoodenses, que tanto dinero ganan por filmar películas taquilleras, son nada a comparación de estos histriones de escuela callejera, quienes, con su habilidad de crear inmensos montajes de falsa desgracia y arrepentimiento, pueden llegar a ser capaces de todo con tal de convencer a su ahora ex, de que "las cosas han cambiado", de que "se dieron cuenta de que nunca encontrarán a alguien así", y de que "con nadie más podrían ser felices".

Pobres mentirosos de inicua labia. Pero, claro, las ex's de mentes débiles, o que pasen por un momento de sensibilidad aguda (o llámese también "estupidez"), suelen caer ante tanta insistencia. Porque eso sí, la frase "el que persevera, triunfa", es el himno diario de estos avispados galancetes, a quienes no les importa un carajo si su otrora amante intenta, con justicia, buscar la felicidad por otros lados. Simplemente buscan la satisfacción de saberse aptos para recuperar lo perdido las veces que quieran.

El tercer escenario es quizás el más complicado y productor ilimitado de sempiternas disputas:

El ex que fue "el primero en su vida"

Si te tocó ser el primer hombre de una chica, entonces, inocente, virginal, pura, ingenua y muy enamorada, pues, ¿qué te puedo decir?, has tenido suerte. Los dioses te bendijeron, agradece a diario. Ve a la iglesia, lee la Biblia o el Corán si lo prefieres, vuélvete pastor y pregona por todo el mundo que, efectivamente, existe un poder superior, tan benévolo que hasta a ti te cayó parte de su gracia. Pon en tu muro de Facebook que eres el hombre más afortunado del planeta, de seguro te lloverán los "Me Gusta".

Pero lo que nunca debes hacer es creer que ese privilegio te garantiza tener a aquella chica por toda la vida, cual si fuera tu segunda casa. No, señor. Aún siendo su primer hombre, la pudiste cagar de una y mil formas, la pudiste aburrir con tu patética personalidad, la pudiste decepcionar con tus ofensivos arrebatos y con tus llantos carentes de toda sinceridad. En otras palabras, ser el primero no te garantiza ser el último. Así que no jodas más y piérdete junto a tu inmerecida suerte. Bueno, después de esta catarsis, creo que no hacen falta más palabras.

¿Y qué pasó con el cuarto escenario?

El cuarto escenario consta de, nada más y nada menos, la mezcla de los tres escenarios anteriores. Sí, un ex que, además de querer dárselas de "amigo", intenta por lo bajo reconquistar a su ex musa y que, adicionalmente, se siente con pleno derecho a ello sólo por haber sido el primero en su vida. Qué rica mezcla, ¿no creen?, ¿alguien podría contender contra algo así?, pues cada uno tendrá su respuesta.

Lo único innegable es que todos deseamos que los ex's desaparezcan, aunque, ahora que lo pienso, todos somos ex's, y desear su desaparición significaría también desear la nuestra. ¿Qué quedaría?

Parques vacíos, bares sin licor, hoteles limpios, y corazones sin latir a mil por hora.

martes, 29 de mayo de 2012

Mi vida sin él

Extraña felicidad

La vida está hecha de contrastes, en definitiva. No puedo negar que estoy gozando de uno de los momentos más felices de mi existencia. Ya no puedo decir que hace mucho no me sentía así, porque la verdad es que, lo más probable, jamás me haya sentido tan contento; quizás sea porque no tengo la necesidad de idealizar nada, porque ahora todo es tan real y sé qué tipo de territorio estoy pisando, sé a lo que me enfrento, y sé cuán feliz puedo ser, como también sé qué tipo de inconvenientes me esperan. Claro, uno nunca deja de conocer a una persona (y más aún si es una mujer), es cierto, incluso los viejos, que juntos se van muriendo, siguen aprendiendo mutuamente hasta el final de sus días. Pero cuánto vale el optimismo devenido de un análisis que ha durado más de diez años. Aunque, quizás, el tiempo sea sólo un indicativo, porque inseguridades quedan, y porque aún entre tanta felicidad, los malestares se siguen generando. Y esto es, pocos pero estimados lectores, el show de la vida. Que, como diría Blades, "te da, te quita, te quita y te da". No se puede ser feliz en todo aspecto. Simplemente no se puede, porque tal vez no sería justo.

He perdido amigos a lo largo de mi vida, aunque no tantos. La mayoría que perdí los perdí por cosas que yo consideraba graves: traiciones y ofensas, por ejemplo. En este mismo Blog, si son masoquistas y quieren hurgar entre tanta memez, he narrado algunas situaciones vividas con respecto a esos temas. Casi siempre he dejado amistades por sentirme engañado o usado. Como por ejemplo, en 1999, cuando un "amigo" me hizo creer que estaba enamorado de mi hermana, mientras yo le contaba que estaba enamorado de una chica que ambos conocíamos. Me pidió que le "hiciera el bajo" con Rocío, cómo negarme, era un buen tipo, o al menos así lo consideraba en ese entonces. Intenté ayudarlo con mi hermana, quien en ese entonces tenía 14 años, mientras nosotros bordeábamos los 17. Y en esos días, cuando con más empeño trataba de que fueran pareja, y mientras, tímidamente, intentaba enamorar a Pilar, mi "amigo" me salió con la sorpresa. Supongo que ya deben saber de qué se trata. Nunca más volví a saber de él, excepto una vez en la que lo vi, ya después de varios años, y me saludó como si fuéramos patazas. Sólo traté de ser amable, pero esas cosas nunca se olvidan.

Hasta ahí lo podría entender.

La vida, a menudo, me puso en el otro lado. Ahí donde la decepción es el arma que te hace heridas en la espalda, donde la vergüenza carcome tus intestinos, donde quieres desaparecer por completo del mundo y enredarte en tus propios y malignos deseos. Es ahí cuando sale nuestro peor lado, el indomable, el incontrolable, ese que te hace perder la razón y olvidar lo que antes pensabas que era lo más importante. Antes. Claro. Luego llega el tiempo y, con él, algo llamado sabiduría, sí, la que "llega cuando no nos sirve para nada" (Páez). Y, en supuesto, esa sabiduría, en buenas migas, inservible, es lo que debería poner todas las cosas en su lugar. Los sentimientos hacen el resto. Sí, claro. Estoy seguro que el amigo que acabo de perder no está recordando que alguna vez vivimos juntos una hermosa y prolongada etapa. No está recordando que nos defendimos el uno al otro, puño a puño, como hermanos. Que compartimos infinidad de conocimientos banales, infinidad de incomprensible encanto, el encanto que tenemos sólo los que no queremos crecer. Pero crecemos, flaco, crecemos. Crecimos, en realidad, y quizás sin darnos cuenta ya nos hicimos adultos, aunque a veces sigamos actuando como niños. Yo, siguiendo sentimientos fulgurosos, tú, decidido y radical, como aquel que ya no le entra al juego, al percibir que el otro hace trampa. 

Si eso hizo que tu amistad tuviera esta (espero, breve) desaparición de mi vida, entonces me siento un puto traidor. Y ahora vuelvo a ser niño y pensar que quizás todo esto sea lo más justo. Y que yo, finalmente, hubiese hecho lo mismo. No lo sé. No estoy para dar ejemplos. 

Lo único netamente real, es que... bueno, qué más... No te voy a olvidar nunca, pero tampoco a mi extraña felicidad. Te estaré esperando.

domingo, 20 de mayo de 2012

Experiencia

Lo que los dioses nos dan a cambio de la inmortalidad

Después de casi treinta años de diversas experiencias, pensó que sería simple manejar la situación. O de repente no tan "simple", pero que con su bagaje podría sacar adelante su felicidad rezagada. Pensó que podría triunfar ante una adversidad que encerraba, a su vez, un conjunto de impedimentos que él mismo se había impuesto a lo largo de su vida. ¿Baja autoestima?, quién sabe. Lo único cierto es que, ya en una edad relativamente avanzada, sentía que era su oportunidad de sacarle la vuelta a todos aquellos "no" que había oído tanto desde el exterior como desde adentro. Era su chance. No quería desperdiciarla. Costara lo que costara.

- Todavía no entiendo cómo ha pasado. Éramos tan amigos, casi hermanos. De pronto algo lo cambió todo. No sé, quizás salíamos juntos tantas veces que terminamos "confundiendo las cosas", como se suele decir. O de repente esto se fue cocinando sin que nos diéramos cuenta. Aún así, incluso hasta el último momento que tuvimos como amigos netos, ella confió en mí y yo en ella. Entonces dimos pie a este momento. El cual es bello, inexplicable, pero bello.

Había tomado como referencia algo similar que le había sucedido, cuando alguna vez le tocó ser el amante. Él y ella habían sido muy amigos, quizás no tan amigos como en su caso actual, sobre todo por la cantidad de años que conocía a su gran amiga; pero ha sido lo más parecido que vivió. ¿Cómo actuar en un momento así; en ese momento, preciso momento en el que terminan de besarse por primera vez y luego se miran las caras, para luego mirar hacia otros lados en busca de alguna respuesta?, "¿qué demonios estamos haciendo?", se preguntan ambos. Y entonces siguen los besos. Una situación que linda con el descontrol. Así es esto del amor, un descontrol total. Entonces se dio cuenta de que, una vez más, la experiencia no le serviría.

- Sé mucho de ella: lo bueno, lo malo, lo bonito, lo feo. Lógico, sé que no me ha contado todo, tonta no es y vale la dosificación. Quizás ella sí lo sepa todo de mí. No tuve nunca tanto por contar, así que todo se lo conté. Las cosas que no sabe, son las no tan relevantes. En todo caso, nuestra amistad me empezaba a cambiar los conceptos. Comenzaba a creer que la amistad entre el hombre y la mujer realmente existe. Hoy sé que no es así. Una vez más, me equivoqué al no confiar en mis propias teorías. Sólo en este caso, me ha encantado equivocarme.

Alguna vez le confesó secretos que a nadie más confesaría. Y él, con la calidez del amigo que te entiende, abrigó todos sus fríos momentos esparcidos por el bar, para luego dilucidar la tensión con un sabio consejo, o quizás un sabio silencio. Ya, cuando la situación así lo exige, saltan los insultos, y con ellos la maldad que a veces se necesita para despertar y culminar un dañino letargo. Eso es lo que hace un amigo. Eso hacía con ella. Y ella, con él. Hoy, han cambiado los consejos por acalorados besos. Han cambiado los silencios por suspiros. Han cambiado los insultos por mordiscos y la maldad por perversión. La oscuridad ayuda porque les hace saber lo ciegos que son, que ha sido y que siempre serán.

- No sabría cómo describir un beso suyo. Si me lo preguntas ahora, diría algo muy chabacano. Jamás podría describir esa sensación tan magnificente. No, señor, ni con toda la labia del mundo, ni con todas las palabras del mundo a mi merced. Nunca daría con ese punto exacto que se produce en ese divino momento, en el cual ella junta sus bellos labios con los horribles míos. Y de pronto sentir que no existe nada más en el mundo que su cuerpo y el mío, iniciando una fusión extraña de ternura y deseos sexuales. Sí, definitivamente, besarla ha sido lo mejor que hice en mi vida. Uno de mis pocos aciertos. Jugármela de esa forma, luchando con su cabello negro para llegar a su boca, ha sido algo por lo que podré morir tranquilo. Y algo, además y como te decía, que nunca podré describir con exactitud ni proximidad. 

Pero como en toda historia, están también las adversidades. No todos aceptarían esta sorpresiva transición. Sentimientos cruzados, encontrados en la inmensa calle de las coincidencias, un terreno inexplorado por él hasta el día en el que se vio obligado a conocerlo y sentirse mal por sus acciones, cuando en el fondo se sentía el hombre más feliz del universo. ¿Qué habría de malo en sentir todo lo que estaba sintiendo?, ¿qué habría de malo en darle una inyección de vida a su sombría y solitaria existencia?, ¿qué habría de malo en decirle que la amaba y que a partir de ese momento se sentía más llamado que nunca a protegerla hasta con su alma si fuera necesario?, ¿qué habría de malo en amar como hacía tiempo no amaba, o quizás con más intensidad, la intensidad que da el riesgo?, el riesgo, ese cambio de amistad por amor, esa transición diabólicamente planificada por el azar, el tiempo y las cosquillas de los dioses. Los que siempre se reirán, aunque nosotros lloremos.

martes, 1 de mayo de 2012

¿Cómo olvidar a una puta?

Apologías y culpas, sin fundamento

Antes de escribir el post, tuve el flash de que este podría ser el inicio de una secuela de textos especialmente diseñados para aquellos idiotas, como yo, que se tardan mucho más de lo "normal" en olvidar a una persona despreciable y nauseabunda, a la que tipificaremos con el adjetivo más coloquial que pude encontrar, y siempre considerando que mi sexo es masculino y que soy heterosexual: "Puta".

En este preciso instante, escucho la canción "Total Interferencia" de Charly García, una obra maestra, abstracta y destructiva, que mueve mi cerebro multipolar en distintas direcciones, haciendo que salgan ideas como esta. Desde luego, no espero que les guste a todos; escribo por escribir, sí, siempre fue así, y más ahora. Escribo por escribir, y porque escribir es una de esas maneras, pocas maneras, que tengo de decir lo que pienso, sin necesidad de someterme a juicios aciagos e infructíferos, concebidos por gente que no considero tan importante como aquel que se sienta frente a su PC y le dedique unos minutos de su, tal vez, valioso tiempo a leer esta idiotez. Creo que quedó claro, así que no dictaré más conclusiones.

¿Cómo olvidar a una puta?, sí pues, ¡cómo olvidarla!, es muy fácil engatusarse con sus naturales encantos femeninos y su facilidad para hacernos creer que el mundo es de su color preferido, aquel color que ella pinta con su cincel vaginal y su adictivo olor a jazmines, comprado por catálogo. Lo difícil es sentarse un día en la banca de un bar, verla pasar con otro idiota y no sentir un carajo de lo que antes se sentía. Ese es el reto.

Sin embargo, para saber cómo olvidar a una puta, hay que distinguir los tipos de putas que existen en esta vida hipócritamente social:

Existen las putas que cobran por sus servicios. Dirán ustedes, ¿quién demonios podría sentirse enamorado o, en su defecto, obsesionado con ese tipo de putas?, respuesta simple: YO. Y si creen que es imposible, pues, lo acabo de descartar, el otro es Richard Gere, así que ya somos dos. Y contigo, tres, así que dejemos de hacernos los huevones. Este tipo de putas tienen algo especial, bueno, dependiendo de cuál sea el prostíbulo. Si la puta vale menos de 20 soles no deberás esperar que te engatuse mucho. Lo que hará será gritar como una loca para que te vengas rápido y que entre el siguiente. Las que cobran de 50 soles hacia arriba, manejan mejor su arte histriónico. Incluso suelen ofrecer una frasuela bastante interesante: "trato de pareja". ¿Trato de pareja?; ¿o sea que la puta te dará besitos en la boca y cariño en la cabeza?, ¿te preguntará cómo estás y qué tal te va en el trabajo?, ¿te aconsejará si tienes algún problema?; ¿hará todo eso?, respuesta: SÍ. Lo hacen y lo hacen muy bien. Aunque nunca he llegado a ese nivel de soledad, lo he visto. Sobre todo en cuarentones o cincuentones que, al verse abandonados por sus mujeres y no querer pasar nuevamente por esa experiencia económicamente tan ingrata, hacen lo más barato: Reemplazar el cariño de una pareja con el de una puta. Esto convierte a ese tipo de putas en perfectas heroínas de la sociedad. Sí, esto ya es una apología, y no saben el orgullo que siento en estos momentos, ya que estoy reivindicando un nombre injustamente usado para describir a putas de otros tipos, esas que sí son dañinas. 

Para terminar con este tipo de putas, también las hay de mayores precios, inimaginables, inconmensurables, así son las sumas de dinero que se pagan diariamente, en todas partes del mundo, por las putas de "alto vuelo". Una salida con ellas te puede costar 1000 dólares, siendo austeros. Imagínense cuánto cobrarán las que salen en los catálogos de Play Boy o, ya volviendo al Perú, las que aparecen en programas cómicos sabatinos. Bueno, en realidad, esas últimas son más baratas. 

Lo interesante de las putas caras es que salen contigo al mundo exterior, y se portan como si fueran tu pareja real. Provocan la envidia del vulgo masculino y no escatiman muestras de cariño o de atracción que acentúen esa envidia. Juegan más con los egos que cualquier otro tipo de puta. De pronto el adquisidor se siente como un narco mexicano o algo así. Quizás lo sea. Pero al final está haciendo lo mismo que el resto de parroquianos. 

¿Cómo olvidar a este tipo de putas?, fácil, con otras putas del mismo tipo, hasta que encuentres algo mejor que hacer. En caso de obsesión, es recomendable ir a un psicólogo, quizás él pueda tener amigas que cobren menos, porque hasta ahora no he conocido un solo psicólogo que no sea burdelero. 


Las heroínas de la sociedad, las que practican el oficio más antiguo del mundo, a veces pueden ser las más bandidas y rompe corazones, pero conocen su chamba y hasta ellas tienen códigos, pienso que uno de ellos es: NO ENAMORAR A TU CLIENTE. No les encuentro punto de comparación con el otro tipo de putas, del cual hablaré en la próxima edición de:


"¿Cómo olvidar a una puta?"

(Consultas, quejas o comentarios, a la hot line; o al menos esperar a que termine de escuchar por enésima vez la canción de Charly: "... estamos como aquel amor que se echa a perder...")

miércoles, 25 de abril de 2012

Escudos humanos


El drama de la señora Martha

La señora Martha es mi vecina desde que me mudé a este barrio. Vive en una enorme casa, aunque no siempre fue enorme. Con decir que antes, desde la ventana de mi casa, aledaña a la suya, podía ver nubes, y ahora sólo veo concreto bien formado donde vive gente. Su casa fue creciendo con el pasar de los años, señal de éxito, dirían algunos. 

La señora Martha tuvo, hasta hace 23 días, una familia conformada por ella, su esposo y tres hijos. La mayor, de 28 años, la intermedia de 20 y el menor de 13. La mayor, Evelyn, ya profesional y casada con un buen muchacho. La intermedia, Katherine, aún no casada pero ya madre de un bebé de apenas 4 meses. El último, Joel, estudiante aún, aún no (tan) problemático. El esposo, el señor Francisco, un hombre de pocas palabras. Cada vez que me lo encontraba en la calle apenas y nos saludábamos, pero siempre con la cordialidad del que no se interesa por la vida del otro. La señora, en cambio, era más frecuente en mi vida. Me la encontraba en las bodegas, panaderías, peluquerías, mercado, paraderos, etc. Y a menudo conversábamos de una que otra cosa, solía preguntarme por mi madre, y en torno a eso giraba nuestra escueta conversación.

La señora Martha tenía, como muchos de nosotros, una familia disfuncional y conflictiva. Con el agregado de que se sentía siempre protegida por su esposo, con quien, dicho sea de paso, también tenía problemas regularmente. El esposo llegaba de trabajar por las noches y se encontraba con el bolondrón. Podía ser madre vs hijas, a veces era hija vs madre y otra hija, o su alternancia (el menor participaba muy poco de estos pugilatos, refugiándose en su PC). Una vez que el señor Francisco pisaba el aparquetado suelo de su sala, llegaban imantadas las tres mujeres que vivían bajo su mismo techo, explicándole todas a la vez lo que había sucedido, por supuesto, en idiomas totalmente confusos y distintos. Lo que el señor Francisco solía hacer, era unirse a la señora Martha, generalmente para equiparar bandos. Otras veces lo hacía porque quizás le parecía más sencillo apoyar a quien más conocía. Quién sabe, las viejas tretas tenían un mejor sabor que las nuevas. 

El hecho de que el señor Francisco saliera, casi siempre, a favor de la señora Martha, generó en sus hijas tal distanciamiento, que a pesar de los malentendidos existentes entre ellas dos, decidieron, silenciosamente, unirse contra sus padres. Aunque, si hubieran tenido que perdonar a uno de los dos, consideraban a su padre más víctima que victimario, víctima, sí, de la manipulación de la buena señora Martha. La señora que me encontraba en todos lados.

El señor Francisco murió, hace justo 23 días. La sorpresa en el barrio fue general. Era un señor relativamente joven, de aproximadamente unos 50 años. Aparentemente, gozaba de buena salud, pero un paro cardíaco lo alejó de su casa, de su familia y de sus problemas. El señor Francisco dejó como herencia una casa enorme, producto de años de trabajo, y que ahora servía para rentar pequeños departamentos. Sí, esa misma casa que ahora no me deja ver el cielo. 

Además dejó a un menor bastante dolido. No hablaré del dolor que siente la señora Martha, porque en realidad nunca llegaría a describirlo tal y como es, lo mismo con las otras dos hijas. Y eso de "describirlo" también incluye el hecho de creerlo. Sólo sé que ahora la señora está en un grave problema. Las hijas acentuaron su unión y se aprovecharon de algo que la señora Martha no calculó. El señor Francisco dejó la enorme casa tapacielos a nombre de sus dos hijas. 

No son exageradas sus sospechas. Actualmente, la señora Martha está buscando un lugar a donde irse. Esto definitivamente llama a la reflexión. Les dejo unas cuantas preguntas:

¿Es adecuado tener un escudo humano en la familia?, ¿qué tan importante es tener siempre a alguien que te apoye en momentos de disputas familiares?, ¿hizo bien el señor Francisco al casi siempre apoyar a su esposa?, ¿hacen bien las hijas al botar a su propia madre?, ¿qué opinaría, al respecto de todo esto, el pequeño hermano?

Finalmente, ¿es justo el triste final de esta familia?, hoy fue la señora Martha, mañana podría ser otra vecina, pasado podrían ser sus madres o quizás la mía. En todo caso, creo que eso de los escudos familiares está casi establecido como un patrón de defensa personal, dentro de una gran parte de los hogares en el mundo. O al menos eso dicen las estadísticas.

Quizás el único que actuó de manera coherente, dentro de su inocencia, fue el pequeño Joel. Quién sabe.

miércoles, 4 de abril de 2012

Donde te sientas más cómodo

Travesía en un Call Center

Se trabaja 8 horas, más una en la que comes, pensando en qué cliente te tocará cuando regreses del refrigerio. Mi trabajo actual queda muy lejos de casa, en el Centro de Lima, para ser exactos. Llegaría tarde a diario si no fuera por ese magnífico y único acierto de Castañeda, al que bautizó como Metropolitano. Gracias a ese enorme bus, que algunos herejes calificaron como "lento" en sus inicios, puedo darme el lujo de salir de casa a las 11:15 am y llegar al Call Center a las 11:55 am. Justo 5 minutos antes de que empiece mi jornada laboral. Sí pues, trabajo ahora en un Call Center, aquel empleo que tanto temí durante años (porque no sé ni sabré vender), ahora es lo que alimenta mis ansias de tener un ingreso decente que cobrar cada fin de mes, y ayudar a mi familia a salir de un crisis económica muy agobiante.

No puedo asegurar que todos los Call Center son iguales, puesto que es la primera vez que piso uno, pero para describir mi actual centro de labores, trataré de ser muy enfático en algo que llamó mucho mi atención: el ambiente de trabajo. Un ambiente interesante, estresante, y a la vez jovial y extrañamente adictivo.

Si bien es cierto, considero que los Call Center son una (nueva, al menos para mí) forma de estoicismo laboral, existe, ahí, en ese local del Centro, un ambiente imperturbablemente cariñoso. Todos parecen quererse mucho. Los agentes se abrazan con sus compañeros, se bromean, se ríen y se burlan de algunos clientes, acentuando más esa camaradería que hacía mucho tiempo no veía en un trabajo. Los coordinadores (que son el siguiente escalón de los agentes) son en realidad un apoyo absoluto para aquel agente que no recuerda cómo realizar una transacción. Dichos coordinadores tienen responsabilidades con sus agentes, pero parecen estar más cerca de los agentes que de los supervisores. Justamente el tercer escalón del agente, es el supervisor. En mi caso particular, me tocó un supervisor algo antipático, pero a juzgar por otras áreas del mismo Call Center, los supervisores tienen las mismas cálidas características mencionadas anteriormente. 

Otro detalle a tomar en cuenta: la homosexualidad. Mi actual centro de labores reúne a una gran cantidad de gays. Las razones no me las explico aún, pero no sólo sucede con los agentes, sino también con coordinadores y hasta supervisores (seguramente muchos se animarán a trabajar por ahí después de lo que acabo de mencionar). La bohemia también está presente en el Call. Debido a que los parámetros de calidad no exigen mayores cuidados de las apariencias personales de cada uno (lo cual adoro, puesto que me dejaré la barba hasta los huevos), ya que la atención es netamente telefónica (lero lero, bancos) y sólo basta con que sepas "hablar bien" y tener harta paciencia. Ah, también conocer el sistema, obvio, yo aún no lo conozco, aunque seguramente quien vea el STC recordará a la famosa BT del Scotiabank. Lo mismo sucede con las religiones, ideologías políticas, etc. Todos entremezclados en una amalgama completamente dinámica, en la cual uno puede hasta terminar mareándose. Por cierto, estar cerca del Centro, y sus noches, también es influyente. Ya saben a lo que me refiero.

Sobre el apoyo de los agentes antiguos hacia los nuevos, pues aquí sí hay una regla algo especial: un nuevo aprende más con otro nuevo que con un antiguo (salvo algunas excepciones). El antiguo domina su sistema mientras lo ves con cara de tarado, se luce para que digas "¡asu!", y hace todo rápido para que le digas "espero algún día tener tu velocidad"; mientras que el nuevo, que sabe poco, pregunta todo a su coordinador o a otro agente más antiguo. Entonces sólo es cuestión de parar la oreja y aprender.

Voy terminando este post (cuasi informativo), diciendo que me mantengo en la idea que siempre tuve de este tipo de trabajos: El Call Center posee un ambiente alegre, pero endulzado en fracaso post 30, incertidumbre intermedia e inquietud juvenil. Los chibolos están contentos porque, en la mayoría de los casos, es su primera chamba formal. Los de mi edad llegamos pensando si realmente debimos caer ahí, sabiendo que podríamos "aspirar a algo mejor", mientras que los que ya pasaron los 30 la tienen un poco más clara, y ven en el Call su último Metropolitano (Línea "A", por si aca) hacia la estabilidad laboral (éxito, dirían algunos).

¿Cuánto duraré ahí?, pues no lo sé, ojalá que bastante, ojalá que poco. Lo primordial es cumplir el objetivo de apoyar a mi viejo, si eso me demora un mes, entonces en un mes me quitaré, si eso me demora un año, entonces en un año soy fuga. Pero, ¿qué tal si esto del Call Center me termina volviendo adicto?

Sería, quizás, mi primera adicción realmente productiva. ¿Me desean éxitos?, mejor deséenme suerte.