sábado, 22 de agosto de 2009

Entre Marte y Venus (Parte VI) – El terrible momento de la elección

“¿Éste, ese o aquel?”

Las mujeres tienen en su poder el bienestar o malestar de la mayoría de machos cabríos que andamos por sus dominios. Saben manipular, usan artimañas con maestría, saben elevarnos a las estrellas, pero también saben hacer que conozcamos a Satanás en paños menores y sin cita previa. Tienen en sus manos nuestro pasado, presente y futuro, y administran con destructiva inteligencia todos nuestros movimientos. Por más que creas saber que ella no sabe lo que haces, te equivocas, en algún momento te darás con la sorpresa más ingrata de tu existencia; y te convencerás de que nuestra supuesta astucia es sólo un elemento más a la inmensa lista de cosas que la hacen saberse superior.

Sin embargo, a diferencia de los varones y nuestras pocas exigencias, las mujeres tienen la tarea más jodida y tediosa que se da a inicios de una relación sentimental: la tarea de elegir. Es ahí donde suelen equivocarse, es ahí donde suelen meter la pata y arrepentirse por el resto de sus vidas. Es ahí donde los hombres, con nuestras pocas neuronas para el amor, nos salvamos de una muerte casi segura. Y es ahí donde, definitivamente, está la causa de que muchas relaciones se derritan como mantequilla en una playa de Máncora, sin siquiera haberse formado del todo bien.

Al principio creen dominar toda la situación, tienen dos, tres, cuatro, hasta “n” posibilidades latentes; todos suplicando una oportunidad, todos en planes afanosos, en ridículos papeles; todos haciendo poemas, maromas, chistes, o hasta cosas violentas con tal de llamar severamente su atención. Todos somos plebeyos ante una reina, y ella nos tiene a todos en su poder. Hasta que de pronto llama a su puerta el “bicho de la elección”. Reciben llamadas telefónicas de otras reinas, de otros reinos – “oye, ¿ya escogiste?” – “No, amiga, aún no, en realidad está difícil” – “sí, pero a mí me parece que te va mejor Manuel, sus ojitos claros quedan con el color de tu cabello” – “Sí, ¿no?, puede ser, aunque Paolo me escribe poemas bonitos, lo malo es que es un poco cholito” – “claro, amiga, ¡¿cómo vas a estar con esa llama?! Y ¿Claudio?” – “ay amiga, es súper lindo, pero muy morocho, ¿no crees?” – ay, amix, ¿no sabes las cosas que dicen de los negritos?, JA, JA, JA” – “JA, JA, JA, amiguis te pasas” – “¡Ya sé!, y ¿el chico de Aura?” – “¿Quién?, ¿Rodrigo?, ¿no te has dado cuenta del salvavidas que tiene en el torso?” – “¡NO!, ¿es guatón?” – “Claro, amiga, sino que su polo negro lo disimulaba, pero tiene una guataza, nada que ver, los gordos no van conmigo” – “Pucha amiga, ¿cómo no nos toca un Ben Affleck o un Brad Pitt?” – “¡Hello!, estamos en Perú, amiguita, deja de soñar” – “¿Verdad, no?, a falta de… habrá que ir a unos de esos sex shops” – “JA, JA, JA, JA” – “JI, JI, JI”. (Conversación casi exactamente extraída de un par de amigas muy conocidas por algunos asiduos lectores de este blog, si quieren que mencione sus nombres el costo es de un par de vinos bien secos y un rico sándwich de pechuga)

Las reinas están en la plenitud de su belleza, tienen todo el poder que sus galanes les otorgaron y no dudan en esparcir sus feromonas por cualquier lugar de la ciudad con tal de aumentar su, de por sí, larga lista de posibles parejas sentimentales. Mientras tanto, en otro rincón de Lima; Claudio, Manuel y Paolo, sostienen una no menos interesante conversación sentados en la banca de un parque, tomándose las últimas gotas del trago corto que, con una impetuosa chanchita, compraron y mezclaron en la tienda de Don Lucho: “Oe tío, te juro que esa huevona me mueve el piso, hace tiempazo que le tengo unas ganas… no sabes” – “tranquilo Paolito, tú sabes que en la perseverancia está el éxito, a la franca yo también me la quiero chifar, pero tú eres mi brother, nunca te haría esa huevada; el día que te la chifes te invito unas chelas” – “¿Qué hablan, bestias?, ¿chifar?, parecen chibolos oe, ya tenemos más de 20, no estamos para huevaditas, yo sí toy templado, te juro que me la llevaría al altar” – “JA, JA, JA, ese Manolo, con razón no tienes jerma desde hace una década creo, si nosotros tenemos que dejarnos de huevadas tú deja de correrte la paja y consíguete una hembrita, ¿sí o no, Paolín?” – "JA, JA, JA, qué cagón eres, zambo; puta no sé, firme, firme, yo también estoy templado ah, porque si fuera sólo pa un choque y fuga no estaría tanto tiempo afanando” – “Puta que ahí sí te jodes ah, te quedas como Manolo todo pajero, yo sí vivo mi vida tío, toy muy chibolo para pensar en formalidades, además al muñeco le gusta probar de todo JAJA” – “Negro huevón, aquí desencajas, ¿ves?” – “Ah, ¿yo desencajo?, a ver dime pes, de quién estás templao’?” – “¿oe qué hablas mierda?, si él ya sabe” – “Paolín, ¿sabes a quién le quiere caer Manolo?” – “¿A quién, ah?” – “Zambo conche..” – “a la Susan pes, ¿a quién más?” – “JAJAJA, Negro no te juegues así” – “Manolo habla pe’ varón” – “Es cierto, tío, pero sin resentimientos pes, además pensé que sabías” – “¿A Susan?, puta gringo, ¿por qué a ella?, si yo toy templadazo hace tiempo” – “yo también me templé pes tío, ¿qué voy a hacer?” – “uy, no me dejo, ¿ya ven?, eso les pasa por imbéciles, mejor no templarse y vivir tranquilo” – “Oe negro, se te cayó un papel” – “Chucha, oe pendejo, dame eso” – “¡Mierda, es una carta de amor!… ¿¿¿Para Susan???, ZAMBO RECONCH…”. Más allá de lo que uno podría pensar, la noche terminó con los tres amigos abrazados y riéndose de todo. Los tres reconocieron estar enamorados de la misma chica, y prometieron respetar al “vencedor” siempre y cuando sea una pelea limpia. Aguanta, ¿pelea limpia?, ¿existen realmente las “peleas limpias” en el amor?

Tiempo después, las armas de los muchachos se terminaron, había llegado el momento de decidir. La reina decretaría, finalmente, a quién entregarle sus emociones, tiempo y sensaciones, a quién regalarle noches de placer, risas y demás entretenimientos. Porque eso sí, como lo dije en algún post perdido, cuando las mujeres eligen, se entregan por completo y no hay quién las pare, sino la misma decepción, y eso es lo que usualmente sucede.

El “chico de Aura”, Rodrigo, había estado en la misma competencia. Era un pendejo total, frío, acomedido y oportunista. Audaz en casi todos los sentidos de esa extensa palabra. Juntaba en su palmarés todas las habilidades de sus competidores, escribía poemas, cantaba bonito, bailaba con soltura, y además contaba con una habilidad extra, la de tener dinero. Las mujeres no aman tanto el dinero, sino lo que se puede adquirir con él, aquella que lo niegue que tire la primera piedra (suave, casi me cae en el ojo). Y, al momento de evaluar punto por punto los ofrecimientos de sus galanes, Susan decidió embarcarse en un viaje sin retorno aparente con su adinerado pretendiente. Cuando su amiga y vecina de reino le preguntó sobre su elección, ella respondió con total naturalidad: “es súper detallista, lindo, atento, caballero, es el que más me llenó las expectativas, por eso lo elegí”. En resumen, prefirió al detallista y al atento, antes que a los más sinceros, aquellos cuyas intenciones eran más notorias. En pocas palabras, prefirió al que lo supo disimular mejor.

Inminentemente Rodrigo y Susan iniciaron una relación sentimental que con el tiempo acarreó de todo un poco; mientras que los “perdedores” siguieron tomando en parques, y riéndose de todo, incluso de sus lamentos por la derrota. Meses después, Susan dejó de hablarles; ya no salía con ellos. Siempre tenía excusas que la alejaban de la mancha, aunque todas esas excusas cambiaban constantemente de nombre, era evidente que Rodrigo era la verdadera causa. Fue absorbida por él, poseída, usufructuada, expropiada de su propia vida y amigos. En poco tiempo Susan se dejó ver, estaba alicaída, cabizbaja, triste y poco arreglada. Nada que ver con la Susan que irradiaba alegría, sensualidad y soltaba suspiros con tan sólo una simple mirada. Era otra persona; había sido alterada totalmente. La razón era que Rodrigo se había convertido en una verdadera pesadilla, era un enfermo total, asfixiante, insultante, arrogante y humillante. Sin embargo, cuando Susan parecía estar decidida a darle el “touché” final, aparecían los recuerdos y con ellos los detalles; aquellos detalles que tanto encandilaron el corazón de la que otrora fuera la reina de la mancha; y llegaban las oportunidades, y llegaban las decepciones. Finalmente, luego de algunos años, seguimos viendo a Susan en la misma situación, con la diferencia de que ahora cree que engañando a Rodrigo compensa el malestar producido, algo así como “me cagas pero te hago cachudo”, ignorando quizás que los cachos no son sólo dos, sino cuatro.

El momento de la elección es complicado, sí, pero se puede salir bien parado del asunto. Los hombres seguiremos supeditados por mucho tiempo más, hasta que otro bombazo social nos haga nuevamente ser más justos, y equiparen la balanza de la seducción, por mientras, seguiremos atrás y ellas adelante; pero las damas no deben olvidar nunca que es mejor la sinceridad que los detalles; los detalles, en la mayoría de las veces, tienden a ocultar algo; están hechos para eso, para disimular, digamos que es algo así como el maquillaje que ellas usan y nosotros no (bueno, salvo excepciones). En el mundo de las mascaradas lo importante es saber mirar a los ojos, les aseguro que los detalles más bellos son los que se forman a partir de la verdad. Aunque dicho esto, de seguro no cambiarán las cosas, espero haber contribuido al resurgimiento masculino, ese que tanto ansiamos, y que de seguro fecundará cada vez más parejas felices; mientras tanto, sigamos siendo siempre naturales, el maquillaje al tacho.

Ah, olvidaba decir que la otra reina es ahora muy feliz con un tipo algo descuidado, que no se afeita ni oculta su barriga; que se tira gases antes de morirse de la risa, pero que, por alguna razón en especial, mantiene en las nubes a su adorada novia (si quieren que les diga de quién se trata el costo es de 3 vinos bien secos, música de Páez, y una rica Pizza de 10 soles).

Un abrazo.

jueves, 6 de agosto de 2009

En las buenas y en las malas

Ojala la ficción supere a la realidad

Domingo 26 de Julio: Siendo aproximadamente las 11:00 p.m. Julissa Félix se pronunció ante un exigente público por última vez en la noche. En el escenario estábamos todos los que habíamos dejado todo en la cancha, cantando bien o cantando mal, desafinando o impresionando; todos, en ese momento todos éramos lo mismo, simples manojos de nervios esperando a que el jurado dé su finiquito veredicto. Finalmente lo dio; se había elegido a los 3 primeros lugares y Julissa empezaba a tomar con sus manos los famosos “sobrecitos” que encerraban los nombres ganadores y la módica suma de dinero que ello implicaba.

En mi mente iba hilvanando quiénes podían ocupar el podio. Rocío era siempre mi favorita; tiene una voz de ensueño y un registro envidiable; sabía que se había equivocado, se había ido en un par de notas, pero qué chucha, si el jurado era inteligente ella tenía que estar bien rankeada, como se lo merecía. Ruth era un abuso, ella ya es una artista prácticamente hecha, y aunque suene exagerado era casi un lujo tener a la próxima Lucía de la Cruz en un concurso de monta moderada, sin desmerecer, ojo, ya que no se trataba de un “Latin American Idol”, sino de una versión más urbana y humilde, a lo “Trampolín a la fama”, sin la chispa de Ferrando, pero con el empuje de Julissa. Paolo ostentaba una gran habilidad interpretativa, claro, el huevón es actor, pero el talento le brotaba hasta por los granos, y en su segunda canción puso a todos en claro el porqué de su elección para cerrar, con broche de oro, un show inolvidable. Johanella compensaba su inexperiencia con su vertiginosa potencia de voz, y con su valentía para pararse ante gente que casi no sabía nada de su existencia, cautivándola y desbaratando de manera natural sus fuertes aplausos, ella también tenía un lugar asegurado entre los tres mejores. Y en general todos hicieron actuaciones memorables, quizás técnicamente no perfectas, pero si alguien cree que pararse en un escenario y cantar es sencillo mi reto está por demás hecho; en un karaoke las cosas son más sencillas, sentadito y tomando tu trago, ocultándote en la oscuridad, y en la distracción general; una presentación en vivo es un poco más exigente, y decir más sería caer en lo tácito.

A todo esto, ¿dónde quedaba yo?

Jueves 30 de Julio: (Carta cobarde jamás enviada, y cobardemente publicada)

“Ok, eres mi jefe, tu deber es exigirme, tu deber es robotizarme. Cuando elegiste nuestra “secreta reunión” a las 6:30 de la tarde en plena agencia, supe que eso podía terminar mal. Metiste a las chicas, aquellas a las que nunca convenceré de mi buena voluntad, y lo demás se volvió un cargamontón sin fin. La caja 3 me metía puñaladas en tu cara y nunca dijiste nada, la caja 2 se metía sólo para defender a su amiga y a mí nadie me defendió. Se habló de metas, nadie las cumple; se habló de guiones, nadie los cumple. Se habló del zonal, aquel que cagó más de lo que tú podrías creer, se habló de mi contrato. Sí pues, te debo agradecer el que me hayas renovado por 6 meses, lo sé, a la mayoría de mi promoción sólo le renovaron por 3 o 2. Ahora dices que si todo sigue así no me renovarás. Ok, soy bien hombrecito, y reconozco que no cumplo con los robóticos guiones de calidad; ahora que lo estoy haciendo creo que deberías estar contento, aunque lo estás más que todo porque se vienen tus vacaciones. A pesar de todo eso te tengo más estima de la que crees, sé que tenemos varias cosas en común, con la diferencia de que yo las expreso y tú las guardas sigilosamente creyendo que así alcanzarás tus objetivos; de hecho lo lograrás, pero más no te puedo decir. Más no te puedo decir.”

Domingo 26 de Julio: “Y el tercer puesto es para: ¡Marcos!”, creo que no pudo pasarme cosa mejor; digamos, esperaba el reconocimiento que ya había tenido gracias a los aplausos que me dieron; gracias al apoyo de mi familia, amigos e infiltrados. Ya me sentía ganador por eso, porque me demostré ser capaz de muchas cosas que hacía unos meses nadie sabía que podía hacer, incluso yo mismo. Entonces recibí ese premio, y mi alegría fue la reacción más sublime. Ver las sonrisas de mis compañeros, aquellos que siempre me decían “favorito”, felicitándome, era un premio doble y, desde mi punto de vista, poco merecido. Sabía que había ocupado un puesto de oro, un puesto que se peleaban Johanella y Rocío; había despojado a alguna de las dos, y poco capaz me sentía para hacer algo al respecto, sólo atiné a festejar, de cualquier forma, darle una alegría a la gente que amo siempre será para celebrar, los análisis quedan para el blog. Johanella fue la siguiente en ser invocada; el casi no haber cometido errores le valió el reconocimiento de un jurado que resultó ser más exigente de lo que pensé. Su padre, el gran Enrique Casaretto (gato conocido para antiguos hinchas de la “U” y antiguos admiradores de la selección del 70’), fue el primero en levantarse de su silla y aplaudir, su hija canta como los dioses, y con la perfección de una profesional, sin siquiera haber estudiado canto, ni haber cumplido la mayoría de edad. Si Casaretto es una vieja gloria, creo que él ya tiene una nueva.

Antes de que Julissa mencionara a la ganadora un ápice de esperanza, seguramente, pasaba por la cabeza de Rocío; aunque era una hilera muy delgada la que dividía la gloria de la desdicha, o quedaba relegada, o quedaba en primer lugar. Finalmente la lógica ganó y con ella la razón, Ruth se llevó un primer puesto más que merecido; el llanto se lo creyeron pocos, lo que estuvimos tantas semanas ensayando duro por las noches, sabemos que el llanto no fue, precisamente, porque se ganó el premio mayor, sino por haber surgido un manotazo de salvación en un mundo que siempre da la contra y trata de ahogarte. Demostrar que estás vivo cuando todos te creen muerto; a puro talento, a puro huevo. Ruth ya debe de tener varios hinchas pero en mí tiene un seguidor, en algún momento extenderá por completo las alas y veremos quién la para. Lo mismo para Johanella, lo mismo para Rocío, y quizás seamos una bandada algún día.

En cuanto a mí, más allá de los comentarios de Willy Noriega (por cierto, creo que hay un post pendiente), seguiré poniéndole ganas al arte más bello de todos. Después de todo, si tanta gente dice que tengo el talento, ¿por qué no creérmelo de una vez?

Jueves 23 de Julio: (Carta cobarde jamás enviada, pero esperando pavorosamente ser leída)

“Vienes y te sientas, con aires de bacancito. Con tu corbata bien puesta. Con tu perfume caro. Entras a la agencia que nunca visitas. Ves cómo nos sacamos la mierda atendiendo a los jodidos clientes. Tú sólo nos observas. Sabes que ya es hora de salida, pero igual te apareciste. Vienes y te sientas. Abres tu laptop. Abres tu archivo de Excel. Empiezas a ver datos estadísticos. Nosotros seguimos bajando la cola; ya casi son las 6:15 p.m. en un día sin ti nos estaríamos alistando para largarnos y así volver a nuestras vidas. A pasar tiempo con las personas que amamos. Pero no. Vienes y te sientas. Dices que eres el zonal, mientras mi jefe te contempla con un temor tan zalamero y ridículo. Ya acabó la cola, es hora de escucharte. Vienes y te sientas. Apenas sabes nuestros nombres, pero ya nos jodes. Amplias el Excel. Dices que estamos mal. Nunca sudaste con nosotros. Nunca comiste en nuestra mesa. Nunca nos viste en tu vida. Nunca te vi en mi vida. Pero para ti somos sólo estadísticas. Vienes y te sientas. Hablas de resultados. No hablas de sudor. No hablas de esfuerzo. Sino de resultados. Sino de metas. Sino de incentivos. ¿De incentivos?, ¿tú?, ¿realmente te hacen falta?, ¿de eso come alguno de tus hijos?, ¿de eso sacas para el combustible de tu lindo auto? Vienes y te sientas. Y dices que soy el punto más flojo. Y dices que mis faltas son puntos negativos. Y dices que la opinión de un médico no importa, cuando hay que medir el compromiso de un empleado. Te respondo. Me miras raro. ¿Estás acostumbrado al silencio?, yo no. Yo cuestiono. Tus métodos de evaluación se me hacen subjetivos. Dices que eso siempre ha existido. Yo digo que eso no quiere decir que sea válido. Miras a otros lados. Los demás callados, como lápidas saciadas de terror. Yo trino los dedos contra la madera. Son casi las 8 y la bebe está prácticamente sola en la casa de mi suegra. Mi mujer está afuera esperándome pelándose de frío desde las 6:30 p.m. Me preguntas si estudio. No contesto tu pregunta porque me parece tonta. Si estudiara no trinarían mis dedos. Me estaría preocupando. Me estaría mortificando. Pero te seguiría escuchando. Por un ser humano trino mis dedos. Por un ser humano expreso. Por un ser humano soy humano. Crees que me creo tus bromas. Insinúas que estoy apurado por ir a un hostal. No sabes qué equivocado estás. No sabes qué equivocado estás desde que viniste y te sentaste. Desde que empezaste a mirarnos para ponernos nerviosos. Desde que abriste tu laptop y tu gélido archivo. Desde que empiezas a llamarnos por “resultados”. Desde que te olvidaste que tenemos sangre y lágrimas. Finalmente acabaste. Todos asustados. Yo amenazado. Aún espero tu llamada. No has llamado. Bueno. Vienes y te sientas, jodes, abres tu agenda, bromeas, amenazas. Te levantas y te vas.”

Colofón (¿?)

A veces me pregunto si soy un artista en potencia, o un simple empleado ineficiente. Cuando me sentía en las nubes un ser de corbata me hizo caer al suelo multiplicando por mil mis 100 kilos de peso. De pronto vuelvo a casa y veo mis videos en Youtube. Veo que soy aplaudido. Veo que se me reconoce algo, finalmente, no por resultados, sino por talento. Quizás esa pequeña frasecita decida mucho de lo que vaya a ser mi vida desde aquí en adelante. Lo mejor que me pudo pasar fue tomar un micrófono y cantar. Lo peor, creerme el cuento de que soy parte de la sociedad de hierro. Hoy ha sido un gran día. Encontré equilibrio. Espero seguir así; equilibrado entre necesidad y pasión. A ustedes, sólo las gracias. Nada más puedo ofrecer, al menos por ahora.

Un abrazo.